"... Volví a Madrid con la sensación que algo se me quedaba en el tintero..."
"... Abrí el correo y allí estaba un e-mail de Oliver, dándome las gracias por todos aquellos momentos especiales que habíamos pasado. Un vuelco me dio el corazón al volver a leerlo, no sabía bien qué contestarle y como si tuviera quince años nuevamente me ponía nervioso..."
"... Aquellos e-mails se acabaron convirtiendo en la rutina de cada día, donde nos contábamos cómo nos había ido el día..."
"... Los e-mails que en un principio eran simples se convirtieron en pecados, su contenido era provocador, me describía sus deseos sexuales. Me escribía para contarme cuando estaba excitado, describiéndolo con una sensación entrañable, tanto que solo con leerlos me venía a la mente su presencia y la excitación me volvía tan loco como a él..."
"... Se convirtieron en una locura, nos contábamos cómo nos follaríamos, lo que nos haríamos, cómo nos rozaríamos, cómo nos besaríamos, cómo nos tocaríamos..."
"... Ya no importaba donde estábamos, solo importaban los e-mails de excitación que llegaban, acababa todos los días en el baño de la oficina masturbándome, leyendo esos e-mails y respondiendo a su contendido. Nos poníamos a prueba..."
"... Intentaba mantener la calma con todo aquello pero no podía. Los e-mails se convirtieron en llamadas por la noche a través del ordenador, las noches eran nuestro refugio para deshacernos en la lujuria de los momentos, nos reíamos, nos contábamos lo que pensábamos, nos follábamos cibernéticamente. Las horas de sueño dejaron de existir por hablar..."
"... Después de las masturbaciones y los deseos, aquellas noches acabaron siendo confesiones de amor. Me enamoré de Oliver sin darme cuenta, entre el deseo y el peligro, a sabiendas que había un muro gigante entre nuestro amor... la distancia..."
"... Meses de confesiones, meses de placer, noches sin dormir, momentos inexplicables. Yo prometía que pronto estaríamos juntos y que todos nuestros pensamientos se harían realidad, él me prometía que me amaría aunque tuviera que recorrer los mayores océanos..."
"... Yo le quería entre mi piel, pero la distancia me empezó a rebotar en la cabeza meses después, y le desprendía de mi lado intentando convencerle que se fuera a los brazos de otros que pudieran darle el sabor de una piel, el olor y el calor de unas manos.
Pero él no me dejaba caer, me agarraba con fuerza como el que se agarra a las raíces que un día le hicieron nacer..."
"... Una noche rabietado le dije por internet que aquello había terminado y que esa vez iba en serio, le confesé la mayor de las mentiras, que ya no le quería, y que había conocido a otra persona..."
"... Una semana después llegó su contestación borde. Él también había conocido a otra persona y deseaba que cada uno siguiéramos con nuestras vidas intentando olvidarnos. La ira entonces se apoderó de mi ser, comencé a romper todo lo que encontraba por casa, borré todos sus e-mails y le escribía una y otra vez intentando convencerme de que aquello no era real, que él no podía haberse ido con otro tan fácilmente..."
"... Dos meses después acabamos teniendo una tregua, me convencí definitivamente que estaba con otro hombre, él le proporcionaba lo que yo tan solo una vez pude hacer, le daba calor, ternura, besos... le daba un cuerpo..."
"... Llorar... creo que llorar aprendí con él, porque aquellas lágrimas no fueron solo de desolación, sino que fueron de amor, de odio, de rabia... lágrimas de sangre, de silencios perdidos, de noches mágicas y recuerdos inolvidables..."
"... Pasaron los meses, el verano y volvió el otoño. Y en mi mente no podía dejar de pensar en cómo estaría..."
"... Lo pensé mucho... pero finalmente le escribí, y aún creyendo que no sabría nada de él, no tardé en obtener un e-mail suyo contándome que seguía con el mismo chico, fue entonces cuando me di cuenta que aquella rabia aun seguía sumergida en mi interior..."
"... Y allí estábamos una noche como otra cualquiera escuchándonos la voz. Sin más remedio confesé que no le había olvidado, que le seguía amando, le confesé entre lágrimas mis pensamientos y mis disculpas. Lloré a su lado como lo había hecho mucho tiempo atrás. Él, paralizado, no decía nada, tan solo que las cosas eran como eran..."
"... En la dura distancia nos volvimos a amar, una y otra vez, al principio despacio sin llegar al extremo de la lujuria de los primeros momentos. Pasaban los días, las horas, los minutos y volvimos a caer de nuevo en aquella sensación que se penetraba en nosotros sin saber como quitárnoslas. Volvimos al placer, a la lujuria, al deseo incontrolado..."
"... Sabía que lo amaba, quería correr hacia él, pero el destino al igual que parecía que nos acercaba nos alejaba cada día más, y las promesas de vernos se esfumaban, como se esfuma el humo de la calidez del cuerpo cuando hace frío..."
"... Un último e-mail decía:
Recuerda mis ojos, puede que te arrastren al huracán. Pero en esta guerra jamás perdí la esperanza de volver a ser tuyo. Contigo aprendí lo que era el amor, ese que escriben en los libros románticos, aprendí qué era la libertad, aprendí a tener esperanza, aprendí a reír y a llorar, contigo aprendí a que la vida tiene un significado diferente. Y ahora que me lo has dado y me lo has quitado todo... me siento como un delincuente. He descubierto que siempre hay un sueño que me quedará por cumplir y ese es amarte como siempre habíamos imaginado en todas nuestras noches, donde el reloj se paraba para dar paso a los sentimientos breves y delirantes, aquellos que nunca tenían fin, aquellas noches donde jugábamos a ser la misma alma y donde tocábamos el cielo con las manos. Porque juntos teníamos nuestro mundo infinito donde todo era posible. Un mundo que rompiste por el miedo a ser tú mismo. Solo quiero decirte que aunque seas el amor de mi vida y no te pueda olvidar, te deseo que seas feliz de alguna manera, al igual que yo intentaré hacerlo. Rozaré otras pieles y en ellas estarás impreso, buscaré tus labios en otros, tocaré otras manos pero imaginaré que son las tuyas, abriré los ojos y buscaré que seas tú, me entregaré a otros... pero siempre sabré que soy tuyo, sé que en esta vida esto
tiene final pero que en la próxima nadie nos separará porque el amor verdadero no tiene tiempo ni lugar.
Así que mi e-mail de despedida tan solo decía:
Yo también te querré hasta el fin de los días. Que jamás te olvidaré. Que en mi corazón permanecerás clavado y ya que no es en esta vida ojalá sea en la otra. Sé muy feliz con quien te sepa cuidar..."
"... nunca borré todos los e-mails y alguna que otra noche me gusta leerlos y recordar que quizás en algún momento fuimos realmente felices..."
"... Como olvidar al único hombre que me hizo entrar en este mundo y que se llevó mi corazón..."