domingo, 4 de agosto de 2013

Fragmento 25 - Supongamos que eres tú


"... Ring, Ring... Suena un mensaje en el móvil..."

"... Es Asier, a ver qué dice: – Después de mucho pensarlo y hablarlo, he llegado a la conclusión de que debo de confesarte que me estoy enamorando de ti..."

"... a cosa empezaba a complicarse y no sabía cómo quitarme el marrón de encima, ciertamente, Asier era un chico atractivo pero no me atraía en absoluto..."

"... Era un tanto putón, le encantaba hacer tríos y follar por follar, algo que a mí no me interesaba..."

"... Me quedé tranquilo hasta que llegó el fin de semana y el alcohol comenzó a adentrarse por nuestras venas y Asier intento besarme a toda costa, le rechacé no sé cuántas veces aquella noche. Pero él no se resistiría y semanas después caí en la tentación... por qué no probar a dejarse llevar por la excitación del momento. Me lié con él, me lo llevé a casa, le follé y después como un capullo más le repudie durante toda la semana, haciendo como si no hubiera ocurrido nada entre nosotros..."

"... Pero él no se resistía y me volvía a buscar. Yo solo empecé a dejarme desear y a descontrolar en los rincones de cualquier lugar donde el placer fuera complaciente. Me deje masturbar día tras día. Aquello era fácil, sabía que estaba loco por mis huesos y eso me daba la ventaja de aprovecharme cuando me convenía, sin embargo, él había cambiado sus hábitos de estar con otros para estar solamente conmigo. Pero yo una y otra vez le rechazaba, solo le quería en los momento en los que penetraba mi satisfacción, sobre todo los fines de semana donde el alcohol dejaba huella en las venas rotas por el dolor de los pensamientos y los lejanos recuerdos, al final él tan solo era la ayuda al orgasmo. Tan solo era eso, un triste juego más de las noches de la cárcel falsa de desamor..."

"... Asier, ingenuo de la creencia de que no sentía nada por nadie, se equivocaba, hasta que descubrió que existía alguien en quién no podía dejar de pensar..."

"... Se enteró por casualidades de la vida, en un momento  de bajón, donde la confesión fue breve y silenciosa. El desprendió una lágrima y yo aludí que nunca le prometí una relación ni que me enamorara de él. Asintió con la cabeza y se marchó y me dejó allí sentado, solo, vacío, con el silencio del alba..."







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