Fragmento 2 - Supongamos que eres tú


Segundo capitulo del mi libro ” Supongamos que eres tú”
“… Vivía en un vecindario donde las vecinas se metían en la vida ajena, sin ser capaces de meterse en las suyas propias. Un vecindario parecido más a un poblado de gallos que al de humanos.
Lo normal allí eran maridos que engañaban a sus esposas con amantes, hijos que se mantenían de cosas ilegales, nueras que ejercían trabajos mal vistos y algún que otro nieto mal criado que llamaba la atención de todo aquel que se le cruzara en el camino, unas vidas llenas de emociones, a veces difíciles de afrontar pero normalizadas por el paso del tiempo…”
“… Borrachos o drogados no les importaba maltratarlas y humillarlas ante todo el vecindario, las gritaban y forzaban a mantener relaciones sexuales y les daba igual, quienes pudiesen mirar. Arrastradas por los pasillos, defecadas, orinadas, escupidas, insultadas o incluso cortadas con diferentes objetos era a lo que aquellas mujeres se sometían habitualmente, su única protesta eran las lágrimas que derramaban de sus ardientes ojos y el grito desolador de sus almas. Eran presas de un marido y una casa de la que nunca cumplirían su condena, esclavas de una vida llena de torturas, lágrimas, humillación, mentiras, rabia, del malgaste del tiempo, del  miedo de las noches, del conformismo, del aprendizaje de callar y del silencio fortuito… tratadas como animales de usar y tirar, las mujeres no valían nada, excepto para callar, parir y cumplir con las obligaciones mandadas de sus varoniles hombres, dispuestas para ellos las veinticuatro horas… Mientras, la herencia genética de aquellos hombres hacían lo propio que iban aprendiendo de estos según crecían… pobres inocentes sin leyes, la supervivencia salvaje era lo único que les quedaba, sin educación ni civismo, sus vidas eran la selva, y una ciudad llena de especulaciones donde mantener el miedo era su alimento diario…”

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