Tercer capitulo:
“… Los dolores de cabeza empezaban a ser normales en mi vida diaria, el ausentismo en el trabajo era a veces demasiado evidente, aún sabiendo que con mis actos podría repercutir a terceras personas, pensaba que tenía todas las soluciones, mis propias mentiras envolvían las pocas neuronas flexibles que me iban quedando.
Las reuniones parecían infiernos que nunca se acababan, las pocas obligaciones que tenía designadas me parecían una completa tortura, permanecer allí sentado y atento a todas las explicaciones era un agotamiento mental y una frustración desmesurada. Hacía demasiado tiempo que me encontraba perdido en un abismo en las acciones que me tenía que desenvolver en mi puesto y a mi pobre secretaria la tenía martirizada entre mis idas y venidas…”
“… Me miraba al espejo y cuanto más me miraba, más me veía como la perfección consagrada que todos deseaban y desearían, me convertí en un egocéntrico narcisista que no evolucionaba a ningún sitio que no fuera a sí mismo…”
“… poco a poco empecé a ser un intransigente, no escuchaba absolutamente nada que no me pareciera acorde con mis pensamientos y no me dieran la razón, discriminé la sensatez y consagré a la locura extrema…”
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