jueves, 6 de junio de 2013

Fragmento 10 - Supongamos que eres tú


Capitulo 10:
“… Llegamos al portal, abrí como pude la puerta medio rota, encendí la luz de la escalera y se empezó a ver todo lleno de papeles, bolsas, ropa y otras cosas habituales que solían tirar los antigénicos de mis vecinos, así ocurría que aquel lugar desprendía unos olores de los más diversos y no eran muy aromáticos que se pueda decir, a ellos no les preocupaba nada el estado del edificio, ellos hacían lo que les parecía, no había leyes y aquel que fuera capaz de comentar algo ya sabía a lo que se atenía, una pelea que duraba varios días en el mejor de los casos, porque otras veces se hacían la vida imposible durante meses y en algún caso años, se rompían las puertas, dejaban desechos en la ventana, dejaban notas provocativas, eso y un sinfín de cosas más con tal de demostrar quien era el más fuerte y quien imponía más, eran juegos sucios en lo que todo valía porque aquello era la selva sin ley y lo mejor que se podía hacer era llevarse lo mejor posible con todos.
Vivía en la cuarta planta del edificio. Empezamos a subir las escaleras de madera que chirriaban a cada paso que dábamos, me hubiera gustado que el edificio tuviera un ascensor como el de otros muchos edificios, pero creo que no hubiera durado, se lo habrían cargado al poco tiempo de tenerlo, así que las escaleras viejas, rotas y desgastadas era la única manera de llegar hasta mi casa, según íbamos subiendo a Dani se le iba cambiando la cara, estaba asustado de estar en aquel lugar, y entre piso y piso las vecinas se percataron de nosotros y empezaron a salir para chismorrear de con quien estaba acompañado…”
“… En el último tramo una chica gritó:
– Guapo, vaya ejemplar traes, ¿qué, te lo has encontrado de rebajas en el súper?
A lo que al unísono varias comenzaron a reír, y volvió a comentar:
– Está un poco asustado, a ver si le das algo para que se calme, que no le vamos a quitar su bonita camiseta, que nosotros también sabemos vestir, ja, ja, ja – no había terminado de reírse la chica cuando desde la parte de abajo del patio escuchamos la voz de un hombre enfadado que gritaba:
– ¡Eh! puta, ¿te puedes callar y dejar de hablar a los chicos o quieres que suba y te calle la puta boca que tienes de mierda? – dijo agresivamente y alzando las manos hacia arriba…”

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