Capitulo 8:
"... Él se le acercó para hablar y ella coqueteó con él, cuando quisieron darse cuenta estaban follando en la oscuridad de unos matorrales que les tapaban, se pusieron el preservativo y en ningún momento pensaron que se había roto o que estaba pinchado, todo sucedió tan rápido que al acabar ninguno de los dos propuso darse el teléfono, se dieron el último beso, una sonrisa y cada uno se marchó por un camino diferente sin mirar atrás, como un sueño o como algo que nunca hubiera sucedido, se marcharon y después de aquello dejó de pensar en lo sucedido hasta que la menstruación empezó a dejar de dar señales..."
"... No dejó de llorar en ningún instante, se notaba su angustia mientras la voz se la atrancaba. Nosotros nos miramos constantemente intentando averiguar qué decir, pero las palabras no nos salían..."
"... Cogimos la dirección que la señorita nos había facilitado y los cuatro nos dirigimos hacia la clínica, que se encontraba algo alejada de la ciudad, el viaje en el autobús supuso toda una angustia donde la intranquilidad y el nerviosismo era inevitable en nuestros cuerpos y donde mi imaginación no paraba de hacer un retrato de la clínica un tanto desagradable, con condiciones nefastas... Era cierto que el lugar estaba muy apartado del mundo, por no decir algo desértico, no paraba de imaginar un lugar sucio y con médicos parecidos a locos, que los quirófanos estarían ensangrentados por todas las mujeres que por allí habían pasado, con fetos tirados en bolsas negras, grandes hornos donde quemar todas las pruebas de los delitos..."
"... Llegó el día, y en el autobús Dani comenzó hacer a María un juicio de ética, sobre el embarazo y sobre el ser vivo que llevaba en su vientre, tanto que la hizo sentir como un ser despreciable, pero ella entendía que su vida no se podía paralizar por un bebé..."
"... Son esos momentos en que te das cuenta que la vida a veces es injusta y que, aunque quieras y desees algo intensamente, si el destino tiene escrito algo, se cumplirá.
Al salir del hospital, María se volvió más borde, dejó de hablar, de comer y apenas dormía, había entrado en una depresión, se pasaba el día llorando por las esquinas, la situación se fue agravando, parecía incoherente, se sentaba en un sitio y de lo único que se dedicaba hablar era de lo mucho que deseaba a su bebé y se tocaba la tripa... El tiempo fue pasando y ella no quería recibirnos en su casa. Eso pasó tantas veces que al terminar el instituto apenas sabíamos de ella, no quería cogernos el teléfono aún a nuestra insistencia, supongo que nuestra presencia le hacía daño..."
Al salir del hospital, María se volvió más borde, dejó de hablar, de comer y apenas dormía, había entrado en una depresión, se pasaba el día llorando por las esquinas, la situación se fue agravando, parecía incoherente, se sentaba en un sitio y de lo único que se dedicaba hablar era de lo mucho que deseaba a su bebé y se tocaba la tripa... El tiempo fue pasando y ella no quería recibirnos en su casa. Eso pasó tantas veces que al terminar el instituto apenas sabíamos de ella, no quería cogernos el teléfono aún a nuestra insistencia, supongo que nuestra presencia le hacía daño..."
"... Con los años llegó a mis oídos que se juntó con gente que no la convenía. La depresión, la angustia y el delirio la había llevado a irse con aquellos delincuentes, camellos y toxicómanos que la llevaron por la vía de la drogadicción, nunca nos hubiéramos imaginado que terminaría tirada en una calle fría y solitaria con el corazón dejándola de latir por la aguja que se había metido en una de las muchas venas de las que ya había dejado de sentir por las inyecciones de la dosis que necesitaba su cuerpo y su amargada alma..."
"... Quizás se introdujo mal la aguja, quizás la dosis era demasiada o quizás aquella dosis no era lo suficientemente buena para su remedio, pero sí lo suficientemente buena como para hacer que su pensamiento dejara de pensar, de llorar y de sentir en su dramática desolación…"
"... Quizás se introdujo mal la aguja, quizás la dosis era demasiada o quizás aquella dosis no era lo suficientemente buena para su remedio, pero sí lo suficientemente buena como para hacer que su pensamiento dejara de pensar, de llorar y de sentir en su dramática desolación…"
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