Capitulo 9
“… Era un día espléndido, el sol entraba por la ventana y colmaba todo el salón de una gran luz, daban ganas de salir a dar un paseo, pero mi ánimo seguía por los suelos y lo único que seguía queriendo era encerrarme en mi aislamiento.
Sé que tengo que levantar la cabeza y dejar de pensar en todo ello o me volveré loco, solo de pensarlo me derrumbo más, y lo peor es no tener ningún hombro en el que llorar, no se lo podía contar a nadie y no era porque no tuviera amigos, todo lo contrario, tenía una agenda repleta de amistades dispuestos a quedar a tomar un café conmigo, pero no podía contarles nada de lo que me estaba sucediendo en este momento, no podía expresar mi angustia, mis pensamientos y mis lágrimas.
Una gota calló de la pupila, después llegaron otras que recorrían el rostro, como cualquier gota que recorre un cristal, resbalando lentamente con el único cometido de caer sobre el charco que otras hicieron, todas sabían que al final se juntarían formando el charco en que se reflejaría la transparencia de no saber cuando calmaría el llanto. Mientras aquellas gotas se convertían en pequeños charcos sobre la tela del pijama, en ellas se reflejaba el dolor de un alma rota y desconsolada, una tras de otra resbalaban lentamente por la misma piel que las engendró, al fin y al cabo las lágrimas tan solo son las sustancias perdidas que nuestro cuerpo lleva por dentro.
Miro atentamente mi alrededor y con las manos apoyadas sobre el respaldo de una silla la tristeza me consume y los recuerdos me absorben como tormentas que no dejan de cesar en mi mente, vienen y van imágenes consecutivas, me recuerdan a mi primera chica, los sentimientos que me había producido al conocerla, pasando por el resto de todos los momentos alegres que había tenido en mis manos hasta los últimos días en los que creía que todo había acabado sin ninguna consecuencia, parece como si estuviera muerto, pero la realidad me hace pensar que estoy vivo, tanto como para saber que el dolor no es fácil de curar y más si es un dolor que se lleva clavado en la piel…”
Tristemente el relato nos lleva a etapas vividas. Un saludo.
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