"... Cogí la guitarra envuelta con una sonrisa de oreja a oreja. Abrí la puerta y... me quedé paralizado, mirando a los ojos de aquella mujer que iba a entrar a la tienda al mismo tiempo que yo salía. Al unísono sonreímos..."
"... Fuimos a la primera cafetería que encontramos, nos sentamos en una mesa, pedimos algo caliente para quitarnos el frío, y comenzamos a contarnos entusiasmados qué tal nos habían ido las cosas en todos estos años. Por suerte, a ella lé había ido mucho mejor que a mí, se había casado con alguien de la misma profesión, estaba guapísima y seguía con el encanto de los años. Sin embargo, yo estaba hecho un desastre, con mi vida patas arribas, enfermo, desgastado y perdido en la certidumbre de las consecuencias.
Después de tres largas horas hablando nos despedimos y nos dimos los teléfonos para volver a quedar para tomar café.
Volvía a casa pensando en aquella conversación con Silvia cuando de repente recordé los primeros momentos con ella. Dónde se había quedado aquel chico enamorado que lo único que deseaba era estar a su lado...
Dónde se quedó mi juventud, mi rebeldía, mis pasiones, mis alegrías y mis tristezas..."
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